Exploramos movimientos precisos y conscientes de los dedos, aprovechando la gran representación de las manos en el cerebro. Al entrelazar manos y generar cruces con brazos y piernas, favorecemos la conexión entre hemisferios y la organización del sistema nervioso. Un recorrido hacia el cierre del circuito corporal que invita a recoger la energía que está fragmentada o dispersa.